Por Sebastián Pardo
Todo, absolutamente todo, indicaba el triunfo contundente de Juan Pablo Valdés, que alcanzó el 52 % de los votos. Sin embargo, durante semanas se intentó instalar la idea de que no ganaba en primera vuelta. Para ello se recurrió a lo peor de la política, algo que hacía décadas no se veía en Corrientes: encuestas truchas, analistas y periodistas pagos difundiendo datos falsos y dando protagonismo a candidatos carentes de toda seriedad.
Hubo quienes llegaron al extremo de usar la tragedia de Loan como herramienta electoral, convencidos de que con el dolor ajeno podían conseguir votos. Otros personajes optaron por el grotesco: uno se paseaba delirante por la provincia con una motosierra, otro con una guitarra desafinada repartiendo improperios. Creyeron que la agresión, el escándalo y la mentira eran atajos hacia el poder. Se equivocaron.
La sociedad ya no tolera más agravios ni farsas como modo de ocultar la carencia absoluta de propuestas reales para los correntinos. La respuesta fue contundente: jubilados en las urnas. Y todo indica que varios de ellos no solo quedaron fuera de la política, sino que además deberán enfrentar procesos judiciales por corrupción.
Corrientes eligió continuar un modelo exitoso de progreso y desarrollo. El camino es claro: más escuelas, hospitales de alta complejidad, rutas, computadoras para los alumnos, impulso a la cultura y al turismo. Esa es la verdadera explicación del aplastante triunfo.
El pueblo correntino decidió mirar para adelante.
Y hacia allá vamos.



