Se acerca el día en que los correntinos debemos decidir nuestro futuro

Faltan apenas doce días para que los correntinos acudamos a las urnas y definamos el rumbo de nuestra provincia. No se trata de una elección más: el 31 de agosto elegiremos gobernador y vice, legisladores provinciales, intendentes y concejales en cada localidad. Pero está claro que la verdadera batalla política se juega en la gobernación.

Cinco nombres compiten por ese cargo decisivo: Juan Pablo Valdés, intendente de Ituzaingó; Ricardo Colombi, senador provincial; Martín Ascúa, intendente de Paso de los Libres; Lisandro Almirón, diputado nacional; y Teke Romero, un disidente de LLA.

En este escenario, todas las encuestas ubican con una diferencia notoria al candidato de Vamos Corrientes, Juan Pablo Valdés. Su juventud, su capacidad de gestión probada en Ituzaingó y, sobre todo, el respaldo político que lo rodea —65 intendentes, más de treinta partidos y múltiples agrupaciones— lo colocan como el claro favorito. Lleva además un apellido que pesa en la política provincial: Valdés, sinónimo de continuidad, estabilidad y éxito de gestión. Gustavo Valdés no solo encabeza la imagen positiva a nivel nacional, sino que ha sabido consolidar un frente amplio y sólido, cuyos logros otorgan a los correntinos confianza y tranquilidad.

En contraposición, el resto de los aspirantes aparecen cada vez más rezagados. Ricardo Colombi, figura histórica de la política local, no logró despegar: sus actos se vieron marcados por la escasa convocatoria y un tono apagado que parece confirmar su declive. Se limitó a recorrer localidades entregando pelotas ante un grupo de chicos. El ocaso parece inexorable.

Por su parte, el kirchnerista Martín Ascúa se mantuvo fiel a un discurso vacío, cargado de agresividad, agravios y calumnias, que lo muestran más cercano a la confrontación que a la propuesta. Sus mentores la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, hoy cumpliendo condena por corrupción, y José Ottavis, el camporista que afirma ser la reencarnación de Jesucristo y se pasea vestido de cura, no aportan mucho a su imagen.

Lisandro Almirón, representante de La Libertad Avanza, se transformó, tal vez, en el mayor fiasco de la campaña. El rechazo a un acuerdo con Vamos Corrientes —que le habría garantizado a la LLA un triunfo resonante antes de las elecciones en PBA— demostró que los errores en política se pagan caro. Desde Buenos Aires apostaron a un personaje ignoto, carente de ideas, sin la más mínima estructura y con un pasado difícil de disimular. Sus videos improvisados en redes sociales, entre motosierra y frases sueltas, son reflejo de una candidatura sin rumbo.

Mientras tanto, el disidente Teke Romero apenas logra ser mencionado en la contienda, sin peso ni visibilidad real.

Así están las cosas. A poco más de una semana de la elección, los correntinos parecen enviar un mensaje claro: prefieren seguir apostando a la continuidad de un proyecto exitoso que garantiza previsibilidad y desarrollo. La joven promesa, aunque con experiencia propia, de Juan Pablo Valdés aparece como la opción que condensa esa voluntad mayoritaria.

El 31 de agosto, Corrientes decidirá. Y todo indica que lo hará con un voto de confianza hacia la continuidad de un camino que ya ha dado sus frutos reflejados en una provincia con las cuentas en orden, con cientos de obras públicas, con fuertes inversiones en salud, infraestructura, educación, seguridad, con sueldos actualizados para no ser afectados por la inflación. Frente a esto, candidatos que representan el pasado, muy poco pueden hacer.

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